El Barcelona perdió el clásico. No es para alarmarse, si de hecho ya había perdido la liga. Celebración para los madridistas por razones lógicas, hasta ahora ven un sol verdadero que los limpia de una frustración que ya se hacía costumbre.
Aparte del orgullo y el superego maltratados, menos sorpresa en los que pierden porque es lo que ya era: un equipo degastado, un equipo en franco agotamiento que pronto o ya, ha empezado a odiarse. ¿Por qué? Simple: porque es agotador mantener el mejor nivel; porque cansa ser el mejor. Está claro, sobre todo en un deporte como el futbol, no apto para veteranos, que el futbol más eficiente requiere de una maquinaria implacable y que mantener ese nivel eternamente es imposible. ¿Entonces por qué exigirle más a este Barcelona que lo ha dado todo? Y todo no quiere decir TODO. Quiere decir sólo, un futbol maravilloso, dinámico, de fantasía, opuesto a la brutalidad y a lo burdo. Un futbol que sólo significa futbol.
Aparte del orgullo y el superego maltratados, menos sorpresa en los que pierden porque es lo que ya era: un equipo degastado, un equipo en franco agotamiento que pronto o ya, ha empezado a odiarse. ¿Por qué? Simple: porque es agotador mantener el mejor nivel; porque cansa ser el mejor. Está claro, sobre todo en un deporte como el futbol, no apto para veteranos, que el futbol más eficiente requiere de una maquinaria implacable y que mantener ese nivel eternamente es imposible. ¿Entonces por qué exigirle más a este Barcelona que lo ha dado todo? Y todo no quiere decir TODO. Quiere decir sólo, un futbol maravilloso, dinámico, de fantasía, opuesto a la brutalidad y a lo burdo. Un futbol que sólo significa futbol.






